jueves, 27 de marzo de 2014

La incoherencia


Si hasta ahora he pensado que la incoherencia humana con sus ideales o creencias es intolerable, al menos en ciertos grados, en este momento me planteo la suerte que supone tal incoherencia, derivada de nuestra división subjetiva, de la no concordancia entre nuestra conciencia y los deseos inconscientes. Porque, ahora me doy cuenta, si ciertas ideologías o creencias hubieran contado con una mayoría de adeptos coherentes, el horror en el mundo sería indescriptible (bien es verdad que una parte de ese horror se debe a las incoherencias). El caso en el que la coherencia estuvo cerca del límite de lo absoluto fue el nazismo y ya se ve dónde llegó y dónde podría haber llegado.
Es más, la coherencia en un grado absoluto llevaría a una falta de libertad insufrible –lo cual no quiere decir que cada cual no se rebele contra su incoherencia, porque ésta también puede llegar a hacerlo esclavo de sus miserias.
Esa dimensión temible de la coherencia total (también puede expresarse como el mal sin su par, el bien) lo expresó con humor Italo Calvino en “El vizconde demediado”: al vizconde lo parten por la mitad en la guerra y vuelve la parte mala a su condado haciendo perrerías a todos los habitantes. Todos suplican para que venga la parte buena. La mala se va, viene la buena –empeñada en hacerlos portarse bien- y entonces todos rezan para que, por favor, vuelva la mala, porque la buena es mucho más insufrible.
Por tanto la lucha que uno ha de tener entre sus tendencias encontradas, sea la que sea la que se imponga, es la fuente del mayor equilibrio posible… y deseable, siempre que uno de los dos opuestos no se imponga en exceso. Cuando la tendencia que se impone es la que va contra los valores éticos o morales, la conciencia actúa para intentar forzar en el sujeto su corrección y, ahora sí, exigirle que sea coherente con lo que supuestamente tiene como ideal.
En un tratamiento psicológico, ese conflicto entre opuestos lleva a los sujetos a la consulta cuando tal conflicto se ha vuelto inhabilitante, no tanto por el conflicto en sí, sino porque el sujeto no es capaz de actuar con libertad ante las exigencias de ambas tendencias. Eso suele encontrar su manifestación en la angustia que indica al sujeto que se halla ante una encrucijada y que es incapaz de hacer una elección para salir de ella.


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