Al menos no lo haga antes de ser asertivo. Si
quiere serlo, dedíquese a decir asertos –no importa sobre qué ni dónde- o a
responder “no” a todo lo que se le demande: que le preguntan si quiere comer,
diga que no; que le preguntan si entonces no quiere comer, diga que no. Lo
importante no es si usted come, sino si sabe decir que no.
Ahondando más, si lo que quiere es controlar
cualquier obsesión o adicción, primero debe aprenderse bien el nombre de su
síndrome -que alguno que no sabía griego le puso usando los traductores de
internet-. Porque hay que saber lo que a uno le pasa: si usted dice que no
puede expresar sus emociones, por ejemplo, le dirán que usted padece
alexitimia, que es lo mismo pero le deja convencido del saber del que le
escucha. Cuando ya conozca el ansiado nombre, dígase en este caso a usted mismo
que no. Si, por ejemplo, entra en un centro comercial y tiene por costumbre
coger cosas sin pagar, diga, no menos de mil veces, “no voy a robar”; que le
gusta beber sin saber cuándo parar, al entrar en el bar o cuando se aproxime a
su bodega casera, dígase en este caso no menos de diez mil veces “no voy a
beber”. Tenga cuidado, eso sí, con lo que llega a negarse, no vaya a prohibirse
comer, como en la anorexia, y aquí tendría que recurrir al aserto positivo y
decirse con ánimo, y con música celestial si hace falta, “tienes que comer”. En
todo caso, como la terapia del control es muy cansada, estúdiese bien todas las
dietas calóricas, sin hipo, medidas
en calorías, puntos o comas, y aliméntese bien que le hará falta para aguantar
con entereza dicha terapia.
Pero si lo que le angustia es que no llega el
amor, no olvide que el remedio lo han ofrecido los estudiosos de las hormonas y
la química orgánica. Ellos saben que el amor nace por el olfato, gracias a las
feromonas. Por tanto, hágase potenciar hormonas, póngase colonias o no se lave
(en este caso que sea con moderación) y diríjase a la mujer o al hombre que le
guste. Por el camino tenga cuidado en alejarse corriendo de cualquier otro
hombre o mujer, sobre todo si no le gustan, no sea que sean ellos los que se
enamoren –absorbiendo todo su olor- y cuando llegue a su cita –con quien ya le
atrapó con su feromonas- perciba que usted no inspira ningún amor, es decir,
que no exhala ningún tufillo que a su amada o amado lo haga caer a sus pies. En
todo caso, no desespere, siempre puede recurrir a cualquiera de los métodos
tradicionales de conquista: mandar flores, invitar al cine, mostrarse simpático
y hacer reír, e incluso ducharse bien antes de ir a la cita y, yo no correría
riesgos, sin colonia, no vaya a ser ese un perfume anti-amor para ella o para
él.
En ningún caso cuestione si lo que dicen esos
autores es producto de una noche de insomnio o de una carga sexual descargada
consigo mismo, o del afán de pasar a la historia soltando cualquier cosa:
créalos, sea obediente y todo saldrá bien. Y si sale mal es porque la chica del
metro (o el chico, ¡qué pesadez el género!) se vio confundido en su membrana
pituitaria por tanto sobaco y sudor de trabajo -que no en vano suelen ser los
currantes los que viajan en dicho medio-. O es que se puso por medio otro más
guapo que usted (aunque el amor sea ciego, y sea el olfato, y no la vista, el
encargado de la elección).
Ni se le ocurra, para cualquiera de los casos,
pensar que quizás haya en usted algún resto de su historia buscando ser
entendido y liquidado, algún deseo inadmisible, o un afecto que no sea de puro
amor, no, y si lo hay, qué importa, que siga ahí, pero eso sí, prohíbale de
forma bien asertiva que vuelva a colarse en su vida e intentar generarle
angustia porque –que entienda bien la amenaza- lo esperas con los noes o los
síes asertivos que hagan falta para vencerlo. Y si volviera a necesitar, para
controlar tanta angustia, o ansiedad –que es más moderno-, volver a generar
fobias, obsesiones o cualquier otra molestia, prohíbaselo mucho más firmemente
en nombre de alguna terapia con nombre griego o consuélese porque algún
síndrome nuevo, otra vez en griego, le vendrá a recordar que sufre el mal de
muchos y consuelo… Es esta línea yo ando detrás de componer una palabra griega
o inglesa con final en “ing” –no bancaria- para el síndrome de “la tontería es
lo único que no tiene límites”.
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